Primera Guerra

La Primera Guerra fue un conflicto entre los clanes orcos de Draenor y los humanos del Reino de Azeroth.

“Todo marcha según lo planeado. Los orcos matarán a los humanos y yo los controlaré a través de caudillos brujos como Gul’dan. Conduciré a esas deformes creaciones hasta la tumba perdida donde se encuentra el cuerpo de Sargeras, protegido contra humanos y demonios pero no contra orcos, y mi forma será libre. Y entonces podré abandonar este torpe cuerpo y este espíritu debilitado, y quemar este mundo como tanto se merece.” — Magus Medivh

Características generales

  • Nombre: Primera Guerra
  • Localización: Reino de Azeroth
  • Fecha: del año 0 al 5
  • Consecuencias:
    • Inicio de la Edad del Caos
    • Muerte de Medivh
    • Asesinato del Rey Llane Wrynn I
    • Destrucción del Reino de Azeroth
    • Primera conquista en el mundo de Azeroth por parte de la Horda orca
    • Muerte del Jefe de guerra Puño Negro
    • Caída del Consejo de la Sombra
    • Éxodo masivo de los habitantes del reino de Azeroth hacia el continente norte de Lordaeron
  • Combatientes del Reino de Azeroth
    • Clérigos de Villanorte
    • Cuarta Compañía
    • Quinta Compañía
    • Guardia de Honor de rey
    • Caballeros de Azeroth
  • Comandantes y líderes del Reino de Azeroth
    • Rey Adamant Wrynn III
    • Rey Llane Wrynn I
      • Lord Anduin Lothar
        • Comandante Borton
        • Defensores de la Corona
      • Combatientes de la Legión Ardiente
        • Horda orca
          • Consejo de la Sombra
            • Clan Roca Negra
            • Clan Foso Sangrante
            • Clan Martillo Crepuscular
            • Clan Warlock
          • Comandantes y líderes de la Legión Ardiente
            • Magus Medivh/Sargeras
            • Gul’dan
              • Jefe de Guerra Puño Negro
                • Jefe de Guerra Orgrim Martillo Maldito
                  • Varok Colmillosauro
                • Cho’gall
                • Kilrogg Mortojo

Preludio

El Reino de Azeroth era un reino próspero. Los humanos que habitaban sus tierras las habían convertido en un paraíso. Los Caballeros de Ventormenta y los Clérigos de la Abadía de Villanorte recorrían todas partes sirviendo a la gente del rey con honor y justicia, a la vez que los bien entrenados ejércitos del rey mantenían por varias generaciones una paz de larga duración. La gente de Azeroth sin embargo desconocía de hecho que el poderoso mago humano Medivh, cansado de su sociedad, buscaba una forma de destruir su reino y llevar el terror a sus tierras. Con la ayuda de un ser de otro mundo llamado Gul’dan, Medivh abrió un portal que conectaría sus dos mundos y se conocería como el Portal Oscuro.

A través de ese portal cruzó la Horda orca. Los humanos no sabían de dónde provenían esas viles criaturas y no estaban preparados para el terror que empezaron a sembrar. Sus guerreros empuñaban hachas y lanzas con letal habilidad, mientras que otros cabalgaban en lobos oscuros tan negros como la noche sin luna. Inimaginables eran los destructivos poderes de sus magias oscuras derivadas de los fuegos del inframundo. Llenos de la sangre demoníaca de Mannoroth, estas criaturas esperaban con ansias la guerra y destruirían cualquier cosa que trate de evitar que lleguen a su meta: conquistar Azeroth.

Abastecidos con un ingenioso arsenal de armamentos y magia poderosa, ambas fuerzas entraron en una guerra de ingenio, intelecto y fuerza bruta, con el vencedor reclamando todo el dominio de Azeroth.

La Primera Guerra

Primer asalto al Castillo de Ventormenta

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Tras los ataques y escaramuzas iniciales por bandas orcas en granjas humanas, el Consejo de la Sombra ordenó un ataque masivo al Castillo de Ventormenta, capital del reino de Azeroth. Las fuerzas orcas, bajo el comando de los jefes Kilrogg Mortojo y Cho’gall, esperaban una victoria fácil considerando la débil resistencia ofrecida por las aldeas que la Horda ya había arrasado. Los soldados y lacayos no estaban preparados cuando las fuerzas de la Horda se aglutinaron a través de las puertas y en las murallas de su fortaleza. Sus guardias hicieron lo que pudieron para detener a los orcos, pero el gran número de rivales pronto inclinó la balanza a favor de la Horda. La victoria pudo haberse definido al instante si no fuera por la llegada de los soldados montados que demostraron ser un factor decisivo en este primer asalto.

Los caballeros que montaban sobre sus musculosas bestias se estrellaron contra las filas orcas causando grandes bajas en sus tropas y jinetes montados. Los orcos, que nunca se habían enfrentado a soldados montados sobre sus corceles de guerra empezaron a caer en gran número. Estos soldados de élite, junto a los soldados sobrevivientes, comandaron la expulsión de los orcos del castillo. Pronto, los ataques de la Horda fueron contrarrestados hasta que tuvieron que retirarse hacia el mismo portal que los guiaba hacia su mundo. Este ataque fue tan desastroso para la Horda que el caos empezó a alimentar la desgracia en los clanes orcos y ambos jefes que lideraron el ataque se culparon el uno al otro del fracaso.

La Horda marcha al norte

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Tras el asalto inicial al Castillo de Ventormenta, la Horda orca ahora sabía qué esperar de las tropas humanas. Puño Negro asignó a Orgrim Martillo Maldito la supervisión de la construcción de un puesto de avanzada en el Pantano de las Penas. Tal tarea fue simple, los orcos tuvieron que construir granjas para así mantener a las tropas bien alimentadas y listas para la batalla, y un cuartel para la defensa de las granjas, levantando el puesto estratégico de Kyross. Desde el Pantano de las Penas, Orgrim llevó a sus tropas al frente, aplastando cualquier oposición que encontraban hasta que dieron con su primera oposición real: Gran Hamlet. Bajo órdenes de Puño Negro, Orgrim levantó una avanzadilla cercana y preparó a sus tropas para destruir Gran Hamlet y todo lo que allií habitaba.

Una noche, un mensajero enviado por el jefe de guerra Puño Negro reportó que Griselda, hija del jefe de guerra, había huido con el proscrito Turok y su banda de ogros hasta las mazmorras ocultas bajo las Minas de la Muerte. Por orden de Puño Negro, Martillo Maldito lideró un pequeño grupo de guerreros a las minas asesinando a Turok, a sus fuerzas e incluso a Griselda. A su regreso de las mazmorras, Orgrim recibió la orden de avanzar a explorar la recientemente establecida avanzadilla cerca a las Montañas Crestagrana que estaba bajo asedio. Un grupo de jinetes fueron enviados para ayudar a sus tropas para restablecer el puesto y aplastar la oposición humana. Tras rescatar el asentamiento de su destrucción, las tropas de Orgrim fueron asignadas con la misión de buscar y destruir completamente su campamento, poniendo fin a la amenaza.

Queriendo que sus tropas aprendan cómo las magias humanas eran elaboradas, Puño Negro ordenó a Orgrim que dirija un ejército hacia la próspera ciudad humana de Sunnyglade y la destruya, dejando intacta una torre que les permitiría estudiar cómo es invocada su magia. Los humanos de Sunnyglade eran gordos y perezosos con su prosperidad y sus débiles ejércitos humanos fueron hechos pedazos con facilidad.

El reino de Azeroth toma represalias

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Como prueba a sus habilidades, el Rey Llane colocó al Defensor de la Corona como regente de una minúscula extensión de tierra. Puesto que debían mantener a sus ejércitos en el campo de batalla bien suministrado, el Defensor de la Corona construyó la ciudad como un centro de cultivo con varias granjas. Dado que los exploradores informaron de patrullas orcas en la zona, se construyó un cuartel para la defensa. Algún tiempo después llegaron reportes que indicaban que los orcos de los alrededores de Gran Halmet se estaban volviendo cada vez más descarados en sus ataques y que estaban reuniendo un gran ejército para marchar contra la ciudad. El rey entonces envió al Defensor de la Corona junto a un destacamento de tropas para reunir a la gente y defender la ciudad ante toda oposición.

Con Gran Hamlet rescatada y el ejército de Puño Negro en desbandada, era el momento para asegurar una paz duradera en la zona de Gran Hamlet. El Defensor de la Corona buscó entonces el puesto orco de Kyross, desde donde se iniciaron los ataques y tras erigir un pequeño asentamiento, lideró el ataque a la avanzadilla, destruyéndola en el proceso.

Habían pasado unos veinte meses desde que Sir Anduin Lothar condujo una expedición hacia las Minas de la Muerte en busca del perdido escrito sobre divinidad. No se escuchó más de ellos sin embargo, el gran caballero y héroe de la corona se apareció al abad de Villanorte en una visión… malherido y rogando ayuda. Por tal razón, el rey envió al Defensor de la Corona junto a un destacamento de guerreros y sanadores a las minas en un intento de encontrar a Sir Lothar y su expedición, curarlos y traerlos de vuelta con vida. Aunque las minas estaban repletas de ogros, las fuerzas humanas se abrieron camino y encontraron a Lothar, quien una vez recuperado, regresó a continuar su servicio al reino.

Tras cierto tiempo, el Rey asignó a algunos de sus caballeros a asistir al Defensor de la Corona en la tarea de librar al Bosque de Elwynn de la opresión de los oscuros secuaces de Puño Negro. Luego de establecer un puesto avanzado cerca del límite sudeste del bosque, encontraron un campamento repleto de guerreros orcos que fue destruido, lo que les aseguró el dominio de las Fronteras, un punto estratégico para el reino de Azeroth. Poco después, el rey ordenó la defensa de la Abadía de Villanorte; los monjes que la habitaban estaban bajo asedio por una banda de guerreros humanos que habían sido convencidos por agentes enemigos para luchar contra la corona. Un grupo de caballeros partió junto al Defensor rumbo a la abadía, la cual ya estaba bajo ataque. Una vez asegurada la abadía y tras haber rechazado a los canallas traidores, el ejército victorioso se movió para destruir al enemigo desde su origen.

Con el pueblo de Sunnyglade invadido completamente por la Horda orca, un grupo de exploradores informó que los supervivientes habían sido llevados a un recinto orco oculto para servir como esclavos. La información confirmó que todos los prisioneros estaban juntos, y que se debía destruir el cerco para abrir un camino en su huida. El Defensor de la Corona tomó un destacamento de guerreros y rescató al grupo de aldeanos que estaban prisioneros en el campamento orco, aplastando toda oposición y destruyendo de paso el campamento de la Horda. Una vez ocurrido esto, inició la reconstrucción de Sunnyglade.

La marcha final hacia el Castillo de Ventormenta

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Con la definitiva destrucción de Sunnyglade y los nuevos hallazgos mágicos, había llegado la hora para la Horda de calcinar la ocupación humana de las tierras cercanas. Para entonces Puño Negro había sido derrocado en el liderazgo de la Horda, con Orgrim tomando su lugar. El reino de Azeroth mantenía dos puestos al sur que planteaban una gran amenaza a la seguridad de la Horda. Los informes de los exploradores cerca de esas ciudades mostraban que la clave del éxito en esta confrontación era el mantenimiento de las fuerzas humanas en sus puentes mientras Orgrim fortalecía a sus fuerzas de ataque para preparar una incursión masiva. Una vez las tropas se prepararon, el ataque comenzó y los puestos humanos fueron arrasados juntamente con sus tropas.

Tras haber saboreado la victoria en el Bosque de Elwynn, estaba claro que un golpe decisivo de Orgrim a los humanos dejaría la completa y total dominación de esta raza como algo sencillo. Sus espías habían reunido información que apuntaba a un campamento cerca del centro de las tierras del reino donde sus caballeros y soldados eran enviados a entrenar. Aunque no estaban esperando un ataque, debían de tener un buen ejército. Pese a ello, las tropas de Orgrim destruyeron el lugar sin dejar sobrevivientes, debilitando en gran medida a sus fuerzas y grabando a fuego la posición de Orgrim Martillo Maldito como jefe de guerra en la piedra.

La marcha final sobre el hogar del rey, el Castillo de Ventormenta, estaba al alcance. Solo dos asentamientos permanecían en el camino de la imparable Horda orca. La hora de la desgracia había llegado para los humanos; Orgrim ordenó la completa y total demolición de las ciudades gemelas, Villadorada y Arroyo de la Luna, que servían de salvavidas entre el rey y su pueblo. El mismo Orgrim comandó a su ejército y tras una larga batalla, arrasó ambas en su totalidad. Con este acontecimiento decisivo, el único fuerte que quedaba en Azeroth era la misma capital de Ventormenta.

La muerte de Medivh

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Khadgar y Garona Semiorco fueron los primeros en descubrir que Medivh fue un factor clave en la llegada de la Horda orca a Azeroth. En un intento de descubrir cómo los orcos llegaron a su mundo y de dónde surgioó el Portal Oscuro, Khadgar invocó una visión del pasado en Karazhan que les mostró a Gul’dan recibiendo instrucciones de alguien que se hacía llamarse el Guardián.

Tras este terrorífico descubrimiento, Khadgar y Garona huyeron de Karazhan llevando las noticias al rey Llane de Azeroth y a su Caballero Campeón, Anduin Lothar. Si bien Lothar creyó tal información al instante, el rey se mostró escéptico prometiendo tomar el tema en cuenta en su justa medida. Sin embargo, en las primeras horas de la mañana y sin previo aviso al rey, Lothar despertó a Garona y Khadgar y los llevó a una de las torres del Castillo de Ventormenta. Ahí los esperaban un grupo de grifos y un pequeño contingente de soldados a la órdenes de Lothar. Tan pronto como el grupo montó en los grifos, abandonaron el reino rumbo a Karazhan, hogar de Medivh. Una vez en la torre, el grupo no pudo encontrar ningún rastro del mago; sin embargo, antes de abandonar el lugar, Garona localizó una entrada oculta que llevaba a una extraña dimensión que parecía una versión inversa de Karazhan. Cuando la compañía empezó a descender por Karazhan inversa, se activó una trampa mágica puesta por Medivh que liberó un grupo de bestias demoníacas que atacó al grupo. Si bien Lothar y sus hombres se ocuparon de las bestias, Khadgar y Garona continuaron descendiendo en busca del mago. Al llegar al observatorio inverso, hallaron a Medivh.

Mientras el joven aprendiz y la emisaria de la Horda confrontaban al mago, Medivh se reveló a sí mismo como Sargeras afirmando que había planeado esta guerra durante cientos de años para liberar su forma física desde su tumba para así destruir Azeroth y a todos sus habitantes. Mientras el monstruoso mago aún hablaba, Garona intentó apuñalarlo pero Medivh fue mucho más rápido. Este primer intento marcó el inicio de una lucha entre los tres, aunque el mago se mostró más poderoso y por mucho. El mago estuvo a punto de asesinar a un Khadgar abatido y malherido cuando fue detenido por un golpe de suerte. El campeón del rey, Lothar, apareció en escena en el momento exacto obligando a su viejo amigo a luchar contra él. Mientras Lothar mantenía al Guardián ocupado, Khadgar logró moverse de su ubicación sin que nadie lo note. Lothar, con el tiempo no demostró ser rival para el maestro y pronto cayó herido y de rodillas. Sin ninguna oposición, el mago se volvió hacia Khadgar para acabar con su antiguo aprendiz, pero para su sorpresa ya no estaba allí; Khadgar ya estaba detrás de Medivh, a quien atravesó con su espada por las costillas hiriéndolo de gravedad. Fue en los últimos momentos de su vida cuando Medivh empezó a transformarse, dejando que el señor demonio Sargeras por fin salga completamente a la superficie, sin embargo antes de liberarse, Sir Lothar decapitó al mago, causando que el titán se disipe dentro del hirviente caldero de energías y poniendo fin a la vida de Medivh.

Con la muerte del Guardián, Gul’dan entró en coma puesto que había entrado en la mente de Medivh en busca de información justo en el momento de su muerte. Orgrim había aprovechado esta oportunidad para asesinar a Puño Negro y de paso tomar para sí la supremacía de la Horda.

Segundo asalto al Castillo de Ventormenta y caída del Reino de Azeroth

La Horda orca se reunió como buitres alrededor de un cadáver, mientras el momento predestinado llegaba a sus manos. Un leve grito llenaba el aire mientras sus jinetes daban latigazos a sus salvajes monturas en frenesí. La tierra se sacudía mientras las catapultas eran cargadas y colocadas en posición. Bajo liderazgo de Orgrim Martillo Maldito, los clanes orcos iniciaron el asedio al Castillo de Ventormenta. Las catapultas hicieron llover fuego sobre la misma fortaleza mientras la Horda marchaba hacia la puerta principal, con el clan Roca Negra apoderándose de la Muralla Este. En momentos, el Castillo de Ventormenta fue abrasado por llamas y sombras bailando en sus murallas. Mientras la milicia se mantenía ocupada repeliendo la invasión, Garona, bajo mando del Consejo de la Sombra, asesinó al rey Llane Wrynn mientras presentaba su informe. Este hecho repercutió considerablemente en la moral de la gente de Ventormenta y el reino cayó ante el poder de la Horda orca.

Repercusiones

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Horda orca

Orgrim, con la intención de transformar a la Horda en una fuerza honorable, torturó a Garona quien al no soportar tanto dolor reveló al Consejo de la Sombra y su ubicación secreta. El jefe de guerra entonces irrumpió en una de sus reuniones asesinando a todos sus miembros en el acto, solo dejando vivos a Cho’gall, Gul’dan y un puñado de los brujos menos poderosos. Poco después, Orgrim formó una alianza con Gul’dan y comenzaron las preparaciones para la Segunda Guerra.

Reino de Azeroth

Anduin Lothar comandó a los supervivientes de Ventormenta y los guió a través del Mare Magnum al reino del norte de Lordaeron para implorar la ayuda del rey Terenas Menethil II. Tras el sentido discurso de Lothar, Terenas convocó un concilio de emergencia para discutir todos los asuntos que concernían a la amenaza orca.

El Rey Terenas, dando uso de sus facultades políticas elevadas, solicitó el apoyo de los reinos humanos de Stromgarde, Kul Tiras, Alterac, Gilneas e incluso Dalaran. Si bien casi todas las naciones aceptaron unirse a sus hermanos y jurar lealtad a esta nueva alianza, el rey Aiden Perenolde de Alterac y el rey Genn Cringris se mostraron reticentes; Perenolde porque no le gustaba la idea de tener que participar en una guerra y Cringris porque alardeaba de que Gilneas era capaz de aplastar a cualquiera que fuera tan necio como para intentar invadirla. Con esto comenzaron las preparaciones para la Segunda Guerra.

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