Sylvanas Brisaveloz

Lady Sylvanas Brisaveloz (Sylvanas Windrunner en Warcraft III), titulada a veces también como “la Dama Oscura” o como “la Reina alma en pena”, es la líder suprema de los Renegados, una de las facciones más poderosas de no-muertos en Azeroth. En vida, Sylvanas fue la General Forestal de Lunargenta, cuyo liderazgo y proezas marciales fueron sin igual. Durante la Tercera Guerra, defendió con valentía Quel’Thalas de una invasión de la Plaga dirigida por el caballero de la muerte Arthas Menethil. Al final, sin embargo, Sylvanas cayó en batalla. En lugar de honrar a la General Forestal con una muerte rápida, Arthas arrancó su alma y la transformó en una alma en pena: una agente astuta y vengadora del Rey Exánime, apoderada por el odio.

Cuando se debilitó el control del Rey Exánime sobre sus secuaces, Sylvanas se separó del control de su amo tiránico y recuperó su cuerpo. Con la promesa de vengar su muerte, Sylvanas reunió a otros no-muertos renegados y se dispuso a emprender una guerra contra la Plaga. Fue así como se formó el grupo conocido como los Renegados, con Sylvanas como su reina. Bajo el mando de Sylvanas, los Renegados se unieron a la Horda y más tarde ayudaron a provocar la caída del Rey Exánime en las heladas tierras de Rasganorte.

Sin embargo, todavía quedaban muchos problemas por delante. Tras un levantamiento dentro de sus filas que mató a otros miembros de la Horda, la reina alma en pena se ha ganado la desconfianza entre muchos de sus aliados. Más recientemente, Sylvanas comenzó a fortificar su territorio dentro de los Claros de Tirisfal con el fin de establecer un reino adecuado para sus seguidores. Mientras Sylvanas mantiene que su lealtad a la Horda no ha disminuido, algunos de los miembros de la facción no están seguro acerca de sus verdaderas intenciones.

Después de la caída del Rey Exánime, Sylvanas llegó a la sorprendente conclusión de que, al igual que Arthas, fue condenada a una eternidad de oscuridad y tortura en el más allá. Después de hacer un pacto con las val’kyr, Sylvanas fue capaz de recuperar su lugar en el reino de los vivos. Sabiendo el destino oscuro que le caerá inevitablemente, Sylvanas ha abrazado a su pueblo como un baluarte contra la horrible oscuridad que la espera al final. Tras esto, Sylvanas lanzó un ataque sobre las regiones de Lordaeron y de los Reinos del Este que no estaban bajo su control, en un intento de conquistar el continente y hacerlo seguro para los Renegados.

Características generales

  • Nombre: Sylvanas Brisaveloz
  • Título: Jefa de Guerra de la Horda, Dama Oscura, Reina renegada, Reina alma en pena, General Forestal de Lunargenta
  • Género: Femenino
  • Raza(s): Alma en pena / Elfa no-muerta (única) (Humanoide)
  • Clase: Forestal, Forestal oscura, Cazadora
  • Afiliación: Renegados, Horda; Quel’Thalas (póstumamente)
  • Antiguas afiliaciones: Alianza de Lordaeron, Plaga; Errantes
  • Ocupación: Jefa de Guerra de la Horda, Reina de los Renegados; General Forestal de Lunargenta (anteriormente)
  • Localización: Barrio Real, Entrañas
  • Estado: No-muerta
  • Allegado(s): Alleria Brisaveloz, Vereesa Brisaveloz, Lirath Brisaveloz (hermanos), Rhonin (cuñado), Zendarin (primo), Arator, Giramar y Galdin (sobrinos)
  • Estudiante(s): Nathanos Clamañublo, Galen Aterratrols (campeones)

Biografía

General Forestal de Lunargenta

Sylvanas fue miembro de una de las familias más importantes dentro de la sociedad de los elfos nobles de Lunargenta. Tiene al menos cuatro hermanos, entre los que se encuentras Lirath, Alleria y Vereesa. Su hogar era la Aguja Brisaveloz, en los tranquilos bosques de Quel’thalas. Sylvanas decidió unirse al cuerpo militar de los forestales, y con el paso de los años ascendió en sus filas hasta el rango de General Forestal de Lunargenta, líder absoluto de todas las fuerzas élficas.

Segunda Guerra

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Durante la Segunda Guerra, los elfos nobles ofrecieron tan sólo una ayuda simbólica a la Alianza. Entre dicha ayuda se incluyó el envío de un comando a las órdenes de la hermana mayor de Sylvanas, Alleria. Días después de su partida se descubrió unos misteriosos focos de incendio en los bosques de Quel’Thalas. Sylvanas, tomando el mando de los restantes forestales que quedaban, partió para investigar la causa de dichos fuegos. Lo que descubrió, sin embargo, era que una banda de trol del bosque merodeaba más cerca de lo habitual. Los alcanzó a las pocas horas, justo cuando estos le tendían una emboscada a las fuerzas de Alleria. Sylvanas no perdió el tiempo con preguntas, ordenó a sus exploradores que se unieran a la refriega y así se alcanzó una pronta victoria por parte de los elfos.

Tras el combate, Alleria le hizo saber a su hermana el motivo de su pronto regreso: una banda de orcos, ayudados por algunos dragones, estaban arrasando los bosques al sur de la nación elfa. Los humanos habían mandado a Alleria en busca de ayuda de Lunargenta, que tan sólo se encontraba a un par de días del campo de batalla. Sylvanas dio la orden de marchar contra los orcos, y así fue como las tropas de la Horda se vieron atrapadas entre dos frentes, por un lado el ejército de Quel’Thalas, dirigido por Sylvanas, y por el otro lado el humano, a las órdenes del paladín Turalyon.

La batalla que siguió fue durísima, y duró varios días, pero finalmente los orcos fueron derrotados y tuvieron que retirarse con numerosas bajas. Alleria y Turalyon los persiguieron, mientras Sylvanas rastreaba los bosques de Quel’Thalas en busca de supervivientes enemigos. Meses después la Horda fue expulsada de Azeroth, el Portal Oscuro fue destruido, y la Segunda Guerra llegó a su fin.

Mientras que Quel’Thalas era todavía una parte (aunque, incómoda) de la Alianza de Lordaeron, Sylvanas admitió el gran talento forestal o humano Nathanos Marris en las filas de los Errantes. Esta decisión sorprendió a muchos de sus compatriotas, como Halduron Alasol, Lor’themar Theron y Renthar Lanzalcón. Algunos de los compañeros de Sylvanas se dieron cuenta del gran orgullo que sentía haci su su discípulo humano, y se opusieron a la idea de permitir que un humano entrenase con los forestales elfos.

Incluso el príncipe Kael’thas Caminante del Sol tuvo objeciones sobre esto, y envió una carta a Quel’Thalas exigiendo a Sylvanas echar a Nathanos del cuerpo de forestales. A pesar de esto, Sylvanas persistió, y su respuesta fue simplemente que Nathanos sería un aliado leal. Y estuvo en lo cierto, el talento de Nathanos le permitió convertirse en el primer y último de los señores forestales humano, y fue responsable de las victorias que abarcaron una década de conflicto.

La invasión de la Plaga

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Poco después de la Segunda Guerra, los elfos nobles decidieron romper sus lazos con la Alianza. De este modo, fueron Sylvanas y sus forestales los encargados de proteger Lunargenta de cualquier amenaza. A pesar de la existencia de criaturas peligrosas en las proximidades de la nación élfica, como los trol de los bosques, los múrloc o los gnoll, Quel’Thalas se mantuvo en una relativa paz. Con los años, los bosques recobraron su otrora belleza; a pesar de lo cual Sylvanas mantuvo siempre atentos y dispuestos a sus exploradores, sabedora de lo pasajera que esa calma podría ser.

Desgraciadamente estos temores pronto se hicieron realidad, cuando Arthas Menethil, el traidor de Lordaeron convertido ya en un caballero de la muerte, apareció de improviso en las mismas fronteras de Quel’Thalas al mando de un ejército de no-muertos. Kelmarin, uno de los exploradores de Sylvanas, rápidamente le informó de que el azote de no-muertos se acercaba a la primera puerta élfica. Sylvanas organizó a sus Errantes, y se fue a observar con sus propios ojos al saqueador de Lordaeron.

Se encontró cara a cara con Arthas y le sugirió que diese la vuelta. Sin embargo, Arthas replicó que la mismísima muerte había llegado a Quel Thalas y comenzaron su asalto a la primera puerta élfica. A pesar del empeño de los Errantes, Arthas pudo bloquear con éxito gracias a sus aliados nigrománticos y a los descomunales nerubianos que actuaron como máquinas de asedio. Sylvanas y sus forestales sobrevivientes huyeron hacia la segunda puerta y Sylvanas se dio cuenta de que ella sola no podría ganar esa batalla. Sin embargo, mantuvo la esperanza en los magistri de la Fuente del Sol, si supiesen lo que se acercaba, podrían inclinar la balanza a su favor. Otro forestal la informó que Quel’Thalas había sido traicionada, y observó como la Plaga forjaba un camino de destrucción oscuro e impío sobre la tierra.

Arthas continuó sin descanso hacia la segunda puerta, matando a todos los elfos que se interpusieran en su camino. Sólo podía alcanzar su objetivo, la segunda puerta élfica, tras usar la Llave de las Tres Lunas. Sylvanas destruyó el puente que llevaba a la segunda puerta en un intento por detener el avance de los no-muertos, aunque resultó ser en vano, ya que Arthas ordenó a sus secuaces crear un enorme puente con cadáveres para complementar el paso.

Sylvanas se retiró a la Aldea Brisa Pura y evacuó a sus ciudadanos. Con poco más de sus forestales más incondicionales quedandose a su lado, Sylvanas decidió tomar una posición final antes de que Arthas se abriese camino hacia Lunargenta. Cada mensajero que enviaba a Lunargenta era asesinado, y Sylvanas coordinó un ataque aéreo de dracohalcones para hacer frente a los invasores. Sin embargo, esto también resultó inútil. Sabiendo que su muerte se acercaba, Sylvanas sólo pudo pensar en su hermana, Alleria, y miró el collar que le regaló. Pensó que probablemente se podrían volver a reunirse pronto.

Su batalla final fue contra Arthas, que ese momento estaba frustrado por la resistencia que había mostrado Sylvanas. Los dos pelearon, aunque la General Forestal no pudo igualar la potencia de la Agonía de Escarcha, que destrozó sus armas y atravesó su abdomen.

Según Arthas, fue Sylvanas quien llevó la condenación a los elfos nobles, ya que su objetivo principal era solamente la Fuente del Sol.

El alma en pena

El informe oficial de la batalla de Lunargenta narra como Sylvanas luchó y murió en defensa de su patria contra las hordas de los no-muertos. Deja claro que su cuerpo no recibió los honores adecuados debido a que se consumió en el incendio que asoló más de la mitad de la capital elfa. La historia de Rhonin era diferente: Sylvanas fue capturada, horriblemente mutilada, y finalmente asesinada por placer por Arthas. En esta versión de los hechos, su cuerpo fue llevado a un templo oscuro, donde Arthas corrompió su alma y la transformó en una alma en pena, un fantasma inquietante y triste, y la dejó vagar por las ruinas de Quel’Thalas.

En verdad, como Sylvanas agonizó después de ser empalada por la Agonía de Escarcha, le dijo a Arthas que acabase con ella, diciendo que se merecía una muerte limpia. Habiendo tenido que luchar contra ella cada paso del camino, Arthas respondió diciéndola que lo último que le daría era la paz de la muerte. Momentos después Sylvanas cayó en una oscuridad reconfortante, sintiendo una angustia que nunca había conocido. Arthas arrancó su alma y Sylvanas Brisaveloz se convirtió en la primera alma en pena de los elfos nobles. Fue capaz de dar voz a su dolor, y al hacerlo ella, causaría dolor a los demás. Su cuerpo fue lanzado a un carro de despojos, perdido entre miles de cadáveres que la Plaga había ido recolectando y más tarde lo sellaron en un ataúd de hierro como un acto más de venganza contra la General Forestal.

Sylvanas, ahora una alma en pena, la concedieron una serie de habilidades no convencionales. Aunque con su voluntad limitada completamente, en un proceso que se asemeja al de un maestro de marionetas de hilo, Arthas le permitió conservar su conciencia de sí misma – para que pudiese ser testigo de la destrucción de su pueblo. Sylvanas fue llevada a Lunargenta como un trofeo, y aunque los elfos se asombraron, Sylvanas no les pudo ayudar aunque se sintió orgullosa al contemplar que continuaban su inútil lucha contra Arthas. Aunque Arthas había podido hacer un puente con los cadáveres para pasar el primer, no pudo hacer lo mismo para alcanzar Quel’Danas y la Fuente del Sol. Entonces, Arthas sumergió la Agonía de Escarcha en el océano y creó un camino de hielo en su lugar.

Así comenzó su brutal asalto a la Fuente del Sol, y Sylvanas vio impotente cómo se involucraba en un combate con el gobernador elfo noble elfo, el Gran rey Anasterian Caminante del Sol. Esperaba que el anciano rey pudiese acabar con él, aunque sabía que no era posible. Sus esperanzas aumentaron cuando Anasterian logró desmontar a Arthas por herir gravemente su corcel esquelético, Invencible, aunque sólo sirvió para enfurecer aún más Arthas y el Rey Anasterian cayó ante de la Agonía de Escarcha. Sylvanas fue testigo del renacimiento de Kel’Thuzad a través de la destrucción de la Fuente del Sol, y superada por el dolor, soltó un grito que casi ensordeció el ejército, pero sólo divertió a Arthas. Sin embargo, Sylvanas no pudo dejar de sentir euforia al ver que el traidor de Quel’Thalas – Dar’Khan Drathir – también cayó.

Con eso, la poderosa nación élfica de Quel’Thalas sufrió su época más oscura. La antigua General Forestal acompañó a Arthas a una puerta demoniaca, donde Kel’Thuzad se comunicó con Archimonde. El demonio les instruyó atacar Dalaran y Sylvanas se burló de Arthas ya que pudo ver dentro de él un indicio de arrepentimiento – perteneciente a alguien del que tenía “buenos recuerdos” – Jaina Valiente. Arthas la silenció rápidamente, ejerciendo su dominio sobre su espíritu, aunque Sylvanas no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción. También estuvo presente durante la caída de Dalaran, matando a sus magos.

Regreso a Lordaeron

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Sylvanas se convirtió en uno de los generales de Arthas que permaneció en Lordaeron junto a Kel’Thuzad bajo la supervisión de los señores del terror, quienes se había quedado en Lordaeron para protegerlo en nombre de la Legión. Cuando Archimonde fue derrotado en la Batalla del Monte Hyjal, Sylvanas se enteró rápidamente por medio de Kel’Thuzad. Sin embargo, los meses pasaron y los señores del terror seguían ignorando el destino de su maestro. Varimathras, Detheroc y Balnazzar recibieron la noticia de boca de Arthas a su regreso de Kalimdor tras lo cual huyeron ante el riesgo que corrían al encontrarse rodeados de los ejércitos de muertos bajo sus órdenes.

Arthas ordenó acabar con todo resto de vida de Lordaeron como tributo a Ner’zhul. Kel’Thuzad informó de que los supervivientes humanos estaban huyendo por el paso de las montañas de manera que ambos, con la ayuda de Sylvanas, se dirigieron allí para evitarlo. A pesar de los esfuerzos del paladín Dagren el Asesino de Orcos, Sylvanas y sus almas en pena dieron buena cuenta de los refugiados humanos que intentaban escapar y aniquilaron a los civiles que se encontraban junto a los paladines.

La forestal oscura

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En este punto, el debilitado Ner’zhul comenzó a perder el control sobre la mente de Sylvanas y diversas almas en pena. Consciente de ello, Sylvanas decidió ocultar este hecho a Arthas y Kel’thuzad mientras continuaba a sus órdenes. Los señores del terror contactaron con ella intentando que se uniera a su causa en una reunión secreta. Sylvanas les contó que los poderes de Arthas estaban empezando a disminuir debido a la debilidad de Ner’zhul y les ofreció su ayuda pero solo a cambio de que se llevara a cabo según sus propios términos.

Los señores del terror planearon matar a Arthas en la capital de Lordaeron pero Sylvanas ideó un plan de contingencia en el caso que Arthas huyera. Mandó a un grupo de almas en pena para que escoltaran al príncipe hacia los bosques donde le esperaría. Sin embargo Arthas sobrevivió a la emboscada de los nathrezim y las almas en pena siguieron el plan previsto escoltando a Arthas y matando a sus guardaespaldas.

Sylvanas había recuperado ya su antiguo cuerpo físico e insufló su corrupto espíritu en él de manera que se convirtió en un ente no-muerto corpóreo. Escondida entre las sombras, Sylvanas lanzó una flecha que había creado ella misma contra Arthas. El proyectil envenenado le alcanzó paralizándolo. Furioso por su traición, Arthas exigió una muerte rápida a lo que Sylvanas se negó recordándole el calvario que le hizo pasar a ella. Fue entonces cuando apareció Kel’Thuzad acabando con los apoyos de Sylvanas y haciéndola huir.

Tras descubrir que el vínculo que antaño tuviera con el mundo natural había desaparecido, se enfureció y comenzó a investigar un campo que ahora era mucho más cercano a ella: la nigromancia. Uniendo las técnicas de guerra élficas con los poderes oscuros, desarrolló un estilo de combate completamente nuevo. Sería el nacimiento de los forestales oscuros.

Reina de los Renegados

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Arthas pudo así llegar así a Rasganorte, siendo requerido para ayudar al Rey Exánime mientras que Kel’Thuzad desapareció sin dejar rastro. Sylvanas y otros no-muertos se vieron libres del control de Ner’zhul, a pesar de que mantuvieran un aspecto externo tan abominable.

Mientras Sylvanas pensaba en lo que haría a continuación, fue interrumpida por Varimathras, el señor del terror la felicitó por haber expulsado al príncipe, y la invitó a formar parte de la nueva orden que sus hermanos estaban organizando. Sylvanas, sin embargo, se cuidó mucho de renunciar a la nueva libertad que había conseguido para los suyos, y se negó. Varimathras le advirtió que si no estaba con ellos estaba contra ellos, y la dejó sola. La forestal comprendió que su campamento sería atacado en breve, y que su ejército de almas en pena no sería rival para las fuerzas de los grandes demonios. Necesitaba aliados, y pronto.

Rastreando los alrededores, Sylvanas encontró un grupo de criaturas que serían perfectas para sus planes. Mandó a sus almas en pena a poseer a sus líderes: Mug’thol de los ogros, Blackthorn de los bandidos, Melegruños de los gnoll, Zul’rogg de los trol del bosque y el Rey Múrloc. Varimathras finalmente llegó al lugar, sólo para ver como sus fuerzas eran engullidas por semejante mezcla de adversarios. El señor demoníaco pidió a Sylvanas que le perdonara la vida a cambio de informarla sobre la posición de los campamentos de sus hermanos. A Sylvanas no le cabía duda de que no era de fiar, pero pensó que podría controlarle y que podría usarlo contra el ejército de Detheroc.

Detheroc había subyugado la voluntad de Garithos que ahora era su siervo, así como sus hombres, que los usaba como ejército personal. Sylvanas mandó a sus almas en pena que se hicieran con el control de un par de exploradores humanos, y se infiltraran así en su campamento. Por la noche, mientras los humanos descansaban, las infiltradas abrieron sigilosamente el portón del campamento a las tropas de Sylvanas, que irrumpieron asesinando a todo el que se encontraron. La alarma sonó, pero era demasiado tarde. Desorganizadas, las fuerzas del demonio fueron destruidas rápidamente. Sylvanas retó a Detheroc a combate singular, acabando rápidamente con él. Una vez eliminado el señor de los demonios, Garithos y sus soldados se vieron liberados del conjuro de control. La elfa comprendió que no era más que un estúpido arrogante, y le convenció para que le ayudara en su lucha por conquistar Lordaeron, a cambio de darle el control de la ciudad una vez acabada esta. Evidentemente, no pensaba cumplir dicha promesa.

La noche antes de atacar la Ciudad Capital, Sylvanas se reunió con los no-muertos liberados. Habló acerca de su propósito en el mundo y si la ayudarían a volver a tomar la Capital. Lydon le preguntó lo que hizo con los humanos de Garithos. Ella respondió que ellos sólo sirven para la batalla.

La capital sufrió un ataque a tres bandas, con Garithos por el sur, Sylvanas por el este y Varimathras por el noroeste. Las fuerzas de Balnazzar intentaron por todos los medios parar a los asaltantes, pero fue en vano. Con Balnazzar atrapado, Sylvanas ordenó a su hermano, Varimathras, que acabara con él. Varimathras dudó, ya que un señor del terror tiene prohibido matar a otro, pero ante las amenazas de Sylvanas cedió, acabando con la vida de su hermano – más tarde se supo que Balnazaar no murió y acabó infiltrándose como el líder de la Cruzada Escarlata. No dudó tanto cuando también se le ordenó asesinar a Garithos.

Con todos sus enemigos eliminados, Sylvanas se proclamó como la líder de los Renegados. Nunca más seguirían a la Plaga o a la Legión, a partir de ahora eran libres de tomar su propio camino, y acabarían con todos los que se les interpusieran.

Sylvanas rápidamente fundó su nuevo imperio de no-muertos. Liberando a muchos no-muertos del dominio del Rey Exánime y organizándolos en una nueva nación propia, Sylvanas atacó las catacumbas reales bajo las ruinas de la Ciudad Capital – Entrañas – y se hizo cargo de los Renegados. Desde que situaron allí su residencia, los Renegados han trabajado duro para completar la construcción de Entrañas dragando el enrevesado laberinto de catacumbas, tumbas y mazmorras que comenzó Arthas.

Con todos sus enemigos eliminados, Sylvanas se proclamó como la líder de los Perdidos. Nunca más seguirían a La Plaga o a la Legión, a partir de ahora eran libres de tomar su propio camino, y acabarían con todos los que se les interpusieran.

No se sabe ciertamente cuales fueron los planes que Sylvanas urdió en estos momentos. Algunos dicen que viajó a Rasganorte y otros que prefirió reforzar la posición del nuevo emplazamiento de los Renegados, una ciudad que los reuniría a todos y a los que Sylvanas gobernaría bajo su enigmática figura.

La Fuente del Sol

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Sylvanas ya coronada Reina de los Renegados, viajó a Quel’Thalas por motivos desconocidos. Pronto descubrió al traidor Dar’Khan, enfrentándose a él en las ruinas de Lunargenta. Ayudó a Kalecgos a evitar que el traidor se hiciera con el poder de la Fuente del Sol: a pesar de que parecía que no podía ganar, logró distraer a Dar’Khan el tiempo necesario para que Anveena reuniera suficiente energía como para vaporizarlo. Sylvanas estuvo de acuerdo en mantener en secreto la identidad de Anveena, evitando así que Arthas pudiera hacerse con la energía de la Fuente algún día.

La alianza con la Horda

Los Renegados, habiendo forjado un imperio propio y con su número de miembros creciendo de día a día, sabían que el siguiente paso para realizar su venganza contra Arthas era asegurarse su lugar en el mundo. Aunque Sylvanas había dirigido la guerra civil en las Tierras de la Peste y conquistado con éxito las ruinas de Lordaeron, el tiempo que la pequeña facción de los Renegados se podría mantener no estaba claro.

Como tal, Sylvanas fue en busca de aliados. Envió numerosos embajadores a la Horda del Jefe de Guerra Thrall, aunque la admisión de los Renegados como estado miembro oficial fue impugnada por varios miembros de la facción. Los tauren de Cima del Trueno resultaron ser el contacto más prometedor. Específicamente, el Archidruida Hamuul Tótem de Runa vio el potencial para la redención del pueblo de Sylvanas, aunque era plenamente consciente de la naturaleza siniestra de los Renegados. Por lo tanto, el tauren convenció al Jefe de Guerra, a pesar de sus dudas, para forjar una alianza de conveniencia entre los Renegados y la Horda. Esta alianza de conveniencia ha concedido la Horda un mejor equilibrio en los Reinos del Este, controlados principalmente por la mayoría de Alianza. A su vez, con la protección de la Horda, e incluso con la del Alba Argenta, los Renegados fueron capaces de mantener sus posesiones en Lordaeron.

El dominio de los Renegados

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Después de haber forjado una alianza con la Horda, los Renegados quisieron expandir su creciente imperio de no-muertos. Al liberar la mente de los no-muertos bajo el dominio del Rey Exánime, Sylvanas llegó a presidir una impresionante facción. Durante este tiempo, Sylvanas también liberó a su antiguo discípulo, el señor forestal Nathanos Marris, de la frías garras de la Plaga. Nathanos fue nombrado campeón de la Reina alma en pena, y se instaló en la Hacienda de Marris para entrenar y dirigir a nuevos campeones de su reina.

Sylvanas envió a los aventureros a entrenar junto a Nathanos, y más tarde a ayudar a eliminar la presencia de la Cruzada Escarlata que constantemente acosaba las tierras de los Renegados. Sylvanas aprobó la creación de los mortacechadores, que se habían convertido rápidamente en una de las más poderosas organizaciones de espionaje en Azeroth, y también supervisó la producción de una peste capaz de conseguir que la Plaga se arrodillase ante ella – la Sociedad Real de Boticarios llegó a alcanzar esta meta.

Halloween

Los Renegados han incorporado el concepto de Halloween con una parte fundamental de su cultura. Sylvanas la aclama como la noche en que los Renegados son más fuertes – la noche en que sus enemigos más les temen – y aparecen a las afueras de Entrañas para quemar la gran hombre de mimbre, para el deleite de la multitud. Desde el Cataclismo, Sylvanas da un nuevo discurso durante Halloween, y hay archivos de sonido de este discurso, al igual que con Genn Cringris.

Los sin’dorei

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En la muerte, Sylvanas todavía se consideró una de los principales protectores de Quel’Thalas y repetidamente ofreció ayuda en la forma de suministros y tropas a los elfos de sangre. Esto pudo ser debido en parte al hecho de que la Dama Oscura todavía se lamentaba por su fracaso al proteger a Quel’Thalas de la invasión de la Plaga durante la Tercera Guerra. Aunque los sin’dorei inicialmente negaron la mayoría de las ayudas de Sylvanas, temiendo que fuese algún truco, los elfos finalmente permitieron a Sylvanas estacionar a sus soldados en sus tierras, en la aldea de Tranquillien. Sylvanas jugó un papel importante al convencer a Thrall de aceptar a los elfos de sangre en la Horda.

Durante las batallas en las Tierras Fantasma, los aventureros elfos de sangre viajaron a la Aguja Brisaveloz – la antigua residencia de Sylvanas – y encontraron su collar, que fue un regalo de su hermana mayor, Alleria. Se le devolvió a la Dama Oscura, la cual se sorprendió al verlo. Sin embargo, rápidamente se recompuso y arremetió contra el aventurero – asegurándole que no significa nada para ella, y que Alleria era un recuerdo muerto desde hace mucho tiempo; arrojando el collar. Se despidió del aventurero, aunque en un extraño momento de emoción, convocó un coro de elfas almas en pena y comenzó a cantar una canción melancólica sobre su patria afligida. Después se arrodilló para recoger el collar.

Sylvanas más tarde ayudaría a los caballeros de sangre sin’dorei en nombre de Mehlar Hojalba en la creación de una poderosa piedra de la Plaga; su gran conocimiento acerca del funcionamiento de la plaga demostró ser una componente esencial en su creación.

Renee Lauer

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Sylvanas, junto con Varimathras, atacó un campamento de la Cruzada Escarlata en los Claros de Tirisfal y derrotaron a su líder, Renee Lauer, quien fue responsable de la muerte de algunos miembros de la Horda. Después de esto, Renee fue resucitada como una renegada.

Un consejo de guerra

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Finalmente había llegado el momento de enfrentarse a la Plaga. Sylvanas y su boticario jefe, Putress, se reunieron con el Jefe de Guerra Thrall, con el Alto señor supremo Colmillosauro y con Garrosh Grito Infernal para planear su próximo movimiento. Después de un duelo entre Garrosh y Thrall (impulsado por la creencia de Garrosh de la necesidad de tomar una acción inmediata) fuese interrumpido por un ataque de la Plaga, Sylvanas ayudó a defender a Orgrimmar. Tras la victoria de la Horda, Thrall declaró la guerra al Rey Exánime. Satisfecha, Sylvanas envió a Putress para ayudar a la Horda en Rasganorte – su vasto conocimiento de la peste seguramente sería una adición beneficiosa a su arsenal.

A la sombra del Sol

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Con la Horda ahora centrada en una campaña a Rasganorte, Lady Sylvanas y un grupo de guardias reales viajaron a la Aguja Furia del Sol para conseguir el apoyo de los elfos de sangre en la guerra. Se reunió con su antiguo camarada, Lor’themar Theron, el Señor Regente de Quel’Thalas, junto con el Gran magister Rommath y el actual General Forestal de Lunargenta, Halduron Alasol. Sylvanas ordenó a Lor’themar enviar las fuerzas de elfos de sangre (los magistri, errantes y caballeros de sangre) a Rasganorte, aunque Lor’themar fue aprensivo, ya que apenas habían superado la guerra en Quel’Danas. Sylvanas indicó que los elfos de sangre eran una parte de la Horda gracias a ella, y que si no se movilizaban seguramente perderían su apoyo – y el apoyo de Renegados en sus tierras.

Convencido, Lor’themar cedió y se comprometió a enviar a un contingente de elfos de sangre a Entrañas. Sylvanas se preparaba para irse, cuando Rommath se indignó por este giro de los acontecimientos. Rechazó su ayuda, afirmando que esta situación era un simple chantaje. Sylvanas le informó de que todo lo que deseaba era la fuerza para derrotar a su mayor enemigo – y que por otra parte, sus ofertas eran sólo eso – ofertas. Lor’themar acabó con su conversación y se marchó silenciosamente.

La nueva peste

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Sylvanas fue una vez a ver a Faranell, quien le mostró los efectos de la nueva peste. Se quedó satisfecha con el resultado, pero advirtió a Faranell que aquella peste no cayera en manos equivocadas. Cuando Arthas mató a la forma incorpórea de Ner’Zhul y se convirtió él sólo en Rey Examine, Sylvanas sintió que algo terrible estaba pasando.

Campaña en Rasganorte

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De esta manera, la Horda comenzó con su asalto a la región helada de Rasganorte. Mientras que el principal avance de la Horda, liderado por Garrosh Grito Infernal, atacaban desde la Tundra Boreal; los Renegados – bajo la bandera de La Mano de la Venganza – asaltaron la región del Fiordo Aquilonal con su considerable armada. Bajo el liderazgo directo de Sylvanas, la Mano de la Venganza trajo consigo todo el arsenal de los Renegados – incluyendo las penúltimas fases de su enigmática peste, que se perfeccionó durante su tiempo en Rasganorte.

Uno de los nuevos campamentos de Renegados en Rasganorte fue Nuevo Agamand, donde se instalaron la mayoría de los miembros de la Sociedad Real de Boticarios a fin de perfeccionar la peste para liberarla sobre al Rey Exánime. Lady Sylvanas había estado supervisando metódicamente y pacientemente la creación de este contagio desde hace varios años y parecía que por fin había llegado el momento para probarla en la Plaga.

Sin embargo, el Gran boticario Putress, quien Sylvanas había enviado a Rasganorte, emprendió este honor pronto- con el lanzamiento de la perfeccionada y voraz peste sobre los miembros de la Plaga, de la Alianza e incluso de la Horda durante la Batalla de Angrathar.

La batalla por Entrañas

Cuando las fuerzas combinadas de la Horda y la Alianza empezaron su asalto sobre Angrathar, se produjo un alzamiento en Entrañas. Varimathras y un ejército de sus hermanos demoníacos invadieron la ciudad, matando a todos los que no se sometieran a su mandato. Sylvanas, que casi muere durante el golpe, logró escapar junto a varios miembros leales a Orgrimmar. No dispuesta a permitir que los señores del terror permaneciesen en territorio de la Horda, Thrall y Sylvanas planearon un contraataque inmediato. En el medio de su planificación, Jaina Valiente llegó con noticias terribles: tras la muerte de Bolvar Fordragón, Varian Wrynn se estaba preparando para una posible guerra contra la Horda. Jaina había sido enviada para obtener una explicación para la traición en la Puerta de Cólera. Aunque Thrall y Sylvanas explicaron que la Horda no fue responsable, sino Putress, Jaina les advirtió que el rey Varian ordenaría un asalto a Entrañas para traer a Putress ante la justicia y liberar Lordaeron para la Alianza.

Sylvanas volvió al Entrañas liderando un ejército de la Horda, con la intención de retomar su ciudad junto a Thrall y Vol’jin quienes la acompañaron durante el asalto. Durante la refriega se escuchó un lamento de sus labios: que provenía de la Sala del Trono. Allí Sylvanas luchó y finalmente mató Varimathras, recuperando su trono. Mientras esto ocurría, el Rey Varian lanzó su ataque a las alcantarillas de Entrañas. Al descubrir varios experimentos de los Renegados con cautivos humanos, pensó en declarar la guerra a la Horda. Varian entró en el Barrio Real poco después de la derrota de Varimathras, etiquetándolos de monstruos y cargó contra el Jefe de la Guerra y la Dama Oscura. Sin embargo, rápidamente fue transportado fuera de la batalla por Jaina, que llevó a las fuerzas de la Alianza a Ventormenta.

Con la batalla finalizada, Sylvanas pudo reclamar su trono, y condenó a muerte a los rebeldes traidores. Sin embargo, todo esto fue estuvo acompañado de un coste político desconocido e imprevisible. Es por esto que Thrall dejó en Entrañas parte de la Guardia Kor’kron para evitar nuevas sublevaciones.

Las Salas Heladas

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Sylvanas lideró a la Horda en las Salas Heladas, dentro de la Ciudadela de la Corona de Hielo para enfrentarse al Rey Exánime y lograr vengarse de Arthas por destruir Quel’thalas y por convertirla en un alma en pena. Acompañada por las forestales oscuras Kalira y Loralen, ayudó a los héroes de la Horda en sus batallas por los pasillos malditos y se unió a varios campeones del Torneo Argenta. Tras la derrota de Ick y Krick, Krick suplicó misericordia e intentó satisfacerla con el conocimiento de que Agonía de Escarcha estaba dentro de las salas – sin vigilancia. Krick fue eliminado al final por el Señor de la Plaga Tyrannus, y Sylvanas se dirigió hacia a las Cámaras de Reflexión. Antes de entrar en las cámaras, tuvieron que luchar con Tyrannus. Justo después de su muerte, Sindragosa apareció y mató a casi todos los combatientes excepto a Sylvanas, a sus dos forestales y a los aventureros. Envió a Kalira para conseguir refuerzos y con Loralen y los aventureros entraron en las Cámaras.

Tras llegar a sus aposentos privados en las Salas de la Reflexión donde permaneció muy cerca de Agonía de Escarcha, Sylvanas sintió el dolor de su muerte proveniente de la espada. En este momento, se le ocurrió tratar de contactar con los espíritus de la hojarruna con la esperanza de que pudieran ofrecerle alguna ayuda. En este punto, el espíritu de Uther el Iluminado apareció alertándola de que el Rey Exánime se dirigía hacia allí y que sería una imprudencia tratar de derrotarlo en este lugar. Uther reveló a Sylvanas que incluso aunque Arthas sea destruido, alguien debe reemplazarle como señor de la Plaga, de lo contrario el mundo viviría un holocausto provocado por el incontrolable ejército de no-muertos que se encargaría de arrasar con cualquier cosa que se pusiera en su camino. Para derrotarlo, deberían destruir primero el lugar donde el ente fue creado: el Trono Helado.

Justo en ese momento, el Rey Exánime llegó para reclamar su espada, consumiendo el alma de Uther. Tras invocar a Falric y Marwyn, sus dos lugartenientes de más rango, se enfrentó a los intrusos. Mientras los aventureros que acompañan a Sylvanas luchaban contra ellos, la Dama Oscura y la forestal oscura Loralen hacían lo propio con el Rey Exánime que huyó hacia el interior del santuario. Tras derrotar a los caballeros de la muerte y sus aliados, el grupo encontró a Loralen muerta mientras por el pasillo se escuchaba el sonido de la batalla que se libraba en la cámara donde Sylvanas y Arthas luchaban en un singular combate. Tras darse cuenta que el Rey Exánime era demasiado poderoso como para enfrentarse allí contra él, tal y como Uther le había advertido, Sylvanas y su escolta huyeron a través de los muros de hielo mientras olas de enemigos invocados por Arthas tratan de entorpecer su avance. Cuando llegaron al exterior, se encontraron en un camino sin salida por lo que todo parecía indicar que tendrían que enfrentarse al Señor Oscuro. Sin embargo se produjo la llegada del Martillo de Orgrim a tiempo para rescatarlos. Mientras huían de las Salas de la Reflexión, Sylvanas se dio cuenta que los poderes del Rey Exánime se habían incrementado notablemente y que para derrotarlo, se necesitaría todo un poderoso ejército, uno más numeroso que el que podría reunir toda la Horda.

La caída del Rey Exánime

Eventualmente, Arthas cayó en combate a manos de Tirion Vadín y sus campeones, poniendo fin a su reinado de terror. Con la muerte del Rey Exánime, uno de los aventureros que portaba la legendaria Agonía de Sombras encuentra un Cofre sellado que contenía varios objetos, entre ellos un vial lleno de sangre. El aventurero se lo dio a Sylvanas que esperaba en el Martillo de la Luz:

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: Así que, está hecho.

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: No me atrevía a confiar en mis sentidos. El Rey Exánime me ha engañado demasiadas veces.

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: Por fin, ha pagado por las atrocidades cometidas contra mi pueblo.

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: Que Azeroth recuerde el terrible precio que pagamos por nuestra debilidad… Por nuestro orgullo.

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: ¿Y ahora qué héroe?… ¿qué hay de los liberados de sus garras que siguen encadenados a sus cuerpos mortales?.

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: Déjame.

Lady Sylvanas Brisaveloz dice: Tengo que reflexionar.

La Pesadilla Esmeralda

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Como todo Azeroth fue envuelto en los efectos de la Pesadilla Esmeralda, llegó también a Entrañas y a la Reina alma en pena. Sylvanas soñaba con ser una elfa noble una vez más. Sin embargo, sus temores se apoderaron de ella una vez más cuando el Rey Exánime reapareció y la torturaba mientras Varimathras la traicionaba una vez más en su sueño. Sharlindra y los otros habitantes de la ciudad no podían liberarla del hechizo.

Filo de la noche

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Después de la muerte de Arthas Menethil, Sylvanas se aventuró sola al Trono Helado. Irritada por no haber estado allí para verlo caer, Sylvanas se consoló al saber que el trabajo que había comenzado en los frondosos bosques de Quel’Thalas fue por fin completado: Arthas estaba muerto. Con su venganza saciada, Sylvanas sólo podía pensar en cuando Arthas le arrancó su alma y se dispuso a lanzarse desde la ciudadela hacia los picos de saronita, lo único capaz de destruirla completamente. Contemplando el final de su largo viaje, nueve val’kyr se acercaron concediéndola visiones de su pasado. Sylvanas las ignoró y se lanzó al vacío.

Sylvanas vio una visión del futuro de su pueblo. Sin su liderazgo, la mayor parte de los Renegados fueron sacrificados por Garrosh Grito Infernal en un fallido asalto a Gilneas. En el Baluarte, el boticario Lydon organiza un último y desesperado contraataque contra la invasión de las fuerzas de la Alianza. Como consecuencia, los Renegados se arrojaron furiosos a hogeras antes de enfrentarse a los embates que venían. Al finalizar la visión, Sylvanas se encontró flotando en un vacío oscuro donde sólo había desesperación, miedo, arrepentimiento y frío. También se topó con el fantasma de Arthas y se sorprendió al encontrar que era en ese momento un niño solitario y asustado. Mirando al hombre que había infligido tal tormento, Sylvanas admitió que realmente sentía lástima por él a pesar de lo que le había hecho. Cuando se dio cuenta de que este reino de angustia debía ser su eternidad, las val’kyr aparecieron ante ella otra vez. Lideradas por Annhylde la Invocadora, ofrecieron a la Dama Oscura un pacto: en lugar de permitir a Sylvanas residir eternamente en este reino aterrador, Annhylde se ofreció a ocupar su lugar si en su lugar si se unía a las restantes val’kyr. Sylvanas aceptó el pacto y fue devuelta al reino de los vivos, rodeada por las ocho val’kyr restantes.

Sylvanas regresó al Bosque de Argénteos, donde Garrosh dirigía el asalto a Gilneas y declaró que la invasión se llevaría a cabo a su manera; Garrosh aceptó de mala gana, y Sylvanas ordenó a su flota rodear la costa sur para acosar a los pueblos y dividir a los defensores de Gilneas. Reflexionando sobre lo que ella había sido, Sylvanas comprendió que su pueblo no era simplemente flechas en su carcaj, sino un recurso importante que no se iba a desperdiciar.

La Invasión de Gilneas

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Sin embargo, desde la batalla de Angrathar, las relaciones de los Renegados con el resto de la Horda se han enfriado bastante. Los últimos acontecimientos habían provocado que Sylvanas fuera apartada de la cúpula de la Horda y espetada por Garrosh para que no hiciera ningún movimiento sin su consentimiento, además de prohibir el uso de la nueva peste.

Sin embargo, Sylvanas continuó los experimentos que inició Putress con la intención de utilizarlos, una vez probado su eficacia en Costasur, en la invasión de Gilneas con la intención de hacerse con su puerto, un estratégico lugar que ansiaba la Horda desde hacía tiempo. Las intenciones de Sylvanas iban no obstante más allá, ya que la información proporcionada por su aliado, Ralaar Colmillo de Fuego, apuntaba a que la legendaria  [Guadaña de Elune] se encontraba Gilneas.

Sin embargo, los Renegados no contaron con que los gilneanos controlaban la maldición huargen que se había extendido entre los ciudadanos, y unieron sus fuerzas tras una lucha interna para expulsar a los Renegados de la Ciudad de Gilneas. Acorralados, Sylvanas se enfrentó contra el Rey Genn Cringris, Darius Crowley, el príncipe Liam Cringris y las fuerzas de resistencia gilneanas. Sylvanas usó sus poderes oscuros para dejar sin sentido a sus enemigos cercanos, preparando una flecha envenenada para Genn Cringris que terminaría con su reino y le daría la victoria. Sin embargo la intervención de su hijo Liam, que se interpuso en la trayectoria del proyectil, evitó que esta llegara a su destino. Frustrada, y con la presencia del nuevo Jefe de Guerra en su nuca, Sylvanas ordenó que la ciudad fuese rociada por el añublo para garantizar la victoria. Los gilneanos se enteraron de ello y comenzaron a evacuar a sus ciudadanos. Tras la batalla y con Gilneas nuevamente en manos de los Renegados, Sylvanas se retiró.

No obstante, los Renegados perdieron sus posesiones en Gilneas después de un ataque nocturno por la Séptima Legión. En una reunión con Garrosh, Sylvanas reveló a los nuevos aliados de los Renegados – las val’kyr, las vrykul que una vez sirvieron al Rey Exánime, y las utilizó para resucitar a los enemigos muertos como Renegados como una solución al problema de los no-muertos de no poderse reproducir. Después de un intercambio de insultos, el Gran señor de la guerra Cromush fue quedó para “proteger” la Dama Oscura y vigilar a los Renegados.

Sylvanas estuvo personalmente en el campo de batalla en el Bosque de Argénteos, liderando a su ejército contra el contraataque de la Alianza en Gilneas. Los Renegados estuvieron bajo fuego intenso del Frente de Liberación de Gilneas, respaldado por la manada Colmillo de Sangre y las tropas de la Séptima Legión. Mientras que las fuerzas de los Renegados comenzaron a avanzar con la ayuda de sus aliados, Sylvanas dispuso un plan para poner fin a la batalla que comenzó con la resurrección de Lord Godfrey.

Después de que Godfrey capturase a Lorna Crowley y la entregase a Sylvanas, se dirigió hacia la destrozada Muralla de Cringris y lanzó un ultimátum a Darius Crowley: o los huargen se rendían o su hija Lorna se convertiría en una renegada. Darius decidió rendirse y Sylvanas le permitió irse con su hija y sus hombres. Justo en ese instante Sylvanas fue asesinada por la espalda por un Godfrey que proclamó que Gilneas le pertenecerá solo a él, huyendo rápidamente al Castillo de Colmillo Oscuro. Cromush ordenó a las val’kyr Agatha, Arthura y Daschla que hicieran algo por Sylvanas. Tras uno momento de duda, las tres val’kyr se sacrificaron para traer a la vida a su reina una vez más. Esto convenció a Sylvanas de manera definitiva que más allá de cualquier sombra de duda, las val’kyr representaban el futuro de los renegados.

La Dama Oscura y su ejército comenzaron entonces la conquista de las Tierras Altas de Arathi con las incorporaciones del Príncipe Galen Aterratrols, ahora miembro de los Renegados, y de la Forestal oscura Alina. Sylvanas le confesó a esta última que la conquista completa de Lordaeron por los Renegados podía ser lo único que pudiese proporcionar satisfacción y, tal vez, alivio.

Durante la Batalla por Andorhal, Sylvanas se disfrazó de Lindsay Negrosol y cuando la Alianza fue derrotada, se enfrentó a Koltira por pactar una tregua con Thassarian, lo que según ella es un signo de su debilidad. Sylvanas desató a las val’kyr para asegurar la victoria mientras que Kotira fue encadenado y llevado a través de un portal a Entrañas donde Sylvanas se encargó de purgar toda la compasión que sentía hacia Thassarian y transformarlo, más que en un sirviente de la Horda, en un sirviente de Sylvanas y los Renegados.

Lady Sylvanas después envió a Lady Cozwynn a las Tierras Altas Crepusculares, para servir como enlace de la Horda con la nueva cabecilla de los Faucedraco, la Señora de la guerra Zaela, con el fin de mejorar las deterioradas relaciones con los orcos.

En la actualidad, las semejanzas entre Sylvanas y el Rey Exánime como líderes ha provocado que la Cruzada Argenta y algunos miembros de la Espada de Ébano hayan aumentando su vigilancia sobre los renegados.

Mareas de guerra

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Sylvanas estuvo presente en la reunión de líderes de la Horda convocada por el Jefe de Guerra Garrosh Grito Infernal, en la que el Jefe de Guerra dejó claro sus planes para atacar y aplastar la nación de Theramore. Sylvanas se opuso a esta idea, preocupada que la Alianza pudiese dirigir su venganza hacia los Renegados y los sin’dorei si viesen comprometida su principal base en Kalimdor. Sylvanas repetidamente busca el apoyo de Lor’themar Theron, jugando con su simpatía, aunque éste la rechaza.

Garrosh aseguró a Sylvanas que cualquier contraataque se abordaría, y la Dama Oscura dispuso al Capitán Frandis Farley para representarla durante el asedio a Theramore. Después de la guerra, Garrosh mata a Farley en la posada de Cerrotajo por para cuestionar sus acciones en la reunión con Baine y Vol’jin.

Asedio de Orgrimmar

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Sylvanas formó parte del Asedio de Orgrimmar, participando junto a Lor’themar y Aethas, en el equipo de desembargo en la Bahía de Garrafilada que se enfrentó a Galakras.

Cuando Garrosh fue derrotado, Sylvanas formó parte de la comitiva que aceptó a Vol’jin como nuevo Jefe de Guerra, sin embargo, para la reina de los renegados, a pesar de haber llevado a cabo con éxito la difícil tarea de reunificar a la Horda, el trol tendrá que demostrar su valía para ganarse el apoyo del resto de líderes.

Legion

Esta sección aborda contenido exclusivo de Legion.

La despiadada líder de los Renegados es una formidable campeona de su pueblo, pero, con la invasión de la Legión Ardiente, la Dama Oscura corre un riesgo extremo: si Sylvanas cae, su muerte será el comienzo de su eterna condena. Lo único que la separa de su fatal destino son sus Val’kyr, aunque son pocos los espíritus guardianes que quedan para apoyarla. Su destino pende de un hilo, y Sylvanas debe decidir hasta qué punto está dispuesta a proteger a su pueblo… y qué es lo más valioso para ella: su gente o su propia alma.

Costa Abrupta

Sylvanas participó junto con las fuerza de ataque de la Horda a las Islas Abrupta en un asalto conjunto con la Alianza. Cuando un ataque demoníaco dañó críticamente la nave de guerra de la Alianza, ella saltó sobre él antes de que se estrellara contra la suya. Luchó junto a Varian Wrynn, salvando su vida, y sobrevivió a la caída de la nave de guerra para continuar con la batalla en tierra.

Misiones

  • En Entrañas
    • H [??] Un regalo para la Reina alma en pena (Amor en el aire)
    • H [15] Enemigos debajo
    • H [15] Viaje a Entrañas
    • H [21] Enviado de la Horda
    • H [21] Enviado de la Horda
    • H [21] Encuentro con el Jefe de Guerra
    • H [21] Encuentro con el Jefe de Guerra
  • En el Bosque de Argénteos
    • H [11] El informe de Belmont
    • H [12] La flota del Jefe de Guerra
    • H [13] Los orcos están listos
    • H [13] Alzaos, Renegados
    • H [13] Sin escapatoria
    • H [13] Lordaeron
    • H [13] Honra a los muertos
    • H [13] ¡Arrinconados y aplastados!
    • H [13] Busca y destruye
    • H [13] Cortando por lo sano
    • H [13] Sin salida
    • H [14] El Mando Avanzado Renegado
    • H [16] La Gran Evasión
    • H [16] Levántate, Godfrey
    • H [17] Rompiendo la barrera
    • H [18] Dalar Tejealba
    • H [18] Solo uno puede entrar
    • H [18] Guerra transdimensional: Capítulo I
    • H [19] Guerra transdimensional: Capítulo III
    • H [19] Tomando el frente
    • H [20] Ciudades reducidas a polvo
    • H [20] Imperio de tierra
  • En las Tierras de la Peste del Oeste
    • H [40] Un as en la manga
    • H [40] Andorhal, de una vez por todas
    • H [40] La venganza
  • En la Forja de Almas
    • H [80] Dentro de la Ciudadela helada
    • H [80] Ecos de almas torturadas
    • H [80] El Foso de Saron
  • En las Cámaras de Reflexión
    • H [80] El Foso de Saron
    • H [80] El camino a la Ciudadela
    • H [80] Liberación del Foso
    • H [80] La Agonía de Escarcha
  • En las Cámaras de Reflexión
    • H [80] La Agonía de Escarcha
    • H [80] La cólera del Rey Exánime
  • En la Ciudadela de la Corona de Hielo
    • H [80] La venganza de Sylvanas

Habilidades

  • Desvanecerse — Hace invisible al taumaturgo y aumenta su velocidad un 50% durante 3 segundos.
  • Disparar — Dispara a un enemigo y le inflige daño físico.
  • Flecha negra — Maldice a un enemigo, lo que inflige periódicamente daño de las Sombras durante 30 segundos. Si el objetivo muere mientras el efecto del hechizo Flecha negra sigue activo, se invocará un esqueleto que surgirá de su cuerpo.
  • Invocar esqueleto — Invoca a 5 esqueleto para ayudar en combate durante 2 minutos.
  • Multidisparo — Dispara una salva de misiles a un enemigo y a sus aliados cercanos, que golpea a un máximo de 10 objetivos e inflige 55.500 a 64.500 puntos de daño físico.

Personalidad

¿Mantenía su corazón de guerrera? ¿Se había vuelto fría? No, era la misma. Igual en la muerte que en vida.

En sus primeros años de vida, Sylvanas fue una prodigiosa forestal, orgullosa, vanidosa y pragmática. Como General Forestal, Sylvanas, como muchos de los quel’dorei, mantuvo la creencia de que era un error enseñar magia a los humanos, a pesar de que también era de la opinión de que Quel’Thalas harían bien en coexistir con las otras razas del mundo, y practicar la tolerancia. Se relación ambigua con su discípulo, el humano Nathanos Marris, puede ser la causa de esta creencia (o haber sido el resultado de la misma). La muerte, sin embargo, daría a Sylvanas una perspectiva muy diferente de la vida.

En la muerte, Sylvanas estuvo motivada, en gran parte, por la venganza, y más tarde, un camino para sobrevivir (y evitar así el infierno que la espera) a toda costa. Sylvanas es una administradora muy hábil y capaz, después de haber construido una nación de la nada a una de las más poderosas (y volátiles) facciones de Azeroth. A pesar de que ha forjado alianzas, se ha mantenido consistentemente a sus aliados ignorantes de sus verdaderos motivos, recurriendo a traiciones despiadadas o profesando la inocencia. Sylvanas hace pocas distinciones entre un amigo y un enemigo, y si uno no está con los Renegados, está en contra de ellos. Hace uso de la oratoria y la propaganda para alcanzar sus objetivos, ya sea reuniendo a los no-muertos en una cruzada de retribución, o motivando a su pueblo para conquistar.[36] Sylvanas es una gobernante fría y sin moral, poniendo a algunos de sus súbditos como meras herramientas, ya sean flechas para matar en su nombre o escudos para protegerse de sus enemigos. Incluso su propia patria no estuvo exenta a esto, de hecho, Sylvanas estaba dispuesta a utilizar su patria como moneda de cambio para conseguir más mano de obra en su búsqueda de venganza. Sylvanas suele ser brusca y desdeñosa, aunque se apresura a fingir respeto en torno a figuras como el Jefe de Guerra. No obstante, siente un cierto respeto hacia sus propios soldados, conmemorándolos a través de su insignia o intentando rescatar a los supervivientes de una batalla.

Sylvanas es una líder militar implacable y creativa. Utiliza de rehenes o armamento químico prohibido explícitamente. Las diferencias entre Sylvanas y el Rey Exánime se difuminan día a día en este sentido.

Apariencia

En vida, Sylvanas fue una de belleza sin igual, incluso para los estándares elfos.

Cuando recuperó su cuerpo como un alma en pena, Sylvanas adquirió una piel de tono pálido. Aunque no tan podrido como otros no-muertos, Sylvanas posee algunas señales evidentes de estos: su piel es como la de una serpiente, con tendencia a agrietarse mientras habla, sus ojos son de un rojo carmesí, ardiendo perpetuamente, y su pelo, una vez brillante y dorado, se ha convertido en frágil y pálido. Su vestimenta también ha cambiado, es un reflejo oscuro de su antigua ropa como Errante: lleva calaveras para adornar su armadura oscura, con una andrajosa y violeta capa. Como en vida, tiene una preferencia por usar su capucha.

Sylvanas consigue ser figura oscura e imponente, con la capacidad de mirar desde el hombro a los demás, incluso si son más alto que ella. Sólo Garrosh Grito Infernal estuvo dispuesto a mirarla a los ojos después de su pacto con las val’kyr, y lo que le sorprendió incluso a él. Lor’themar Theron la describió así:

En la sala en la que estaba, la luz parecía desvanecerse; no porque escasease o se atenuara, sino que daba la impresión de precipitarse y se hundiese hacia el lugar que ella ocupaba, como si la luz del sol titubease a su alrededor.

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2 comentarios

    • Kaul el 24 febrero, 2017 a las 5:17 pm
    • Responder

    Lo que nunca me quedó claro de esta guarra -digo, Banshe- Fue el momento exacto y la forma en que volvio a recuperar su cuerpo, recuerdo que en el Warcraft III Reins of Chaos, Arthas la convertia en una Banshe (unidad Alma en Pena que se veia como un fantasmita) pero luego al salir el Frozen Throne la vemos en las primeras campañas del Scourge con el modelo de elfa de la noche antiguo pero de piel oscura (o sea, como que ya recupero su forma corporea) pero esa transicion nunca quedo clara -_-?

      • Darkwatcher el 21 noviembre, 2017 a las 7:20 pm
      • Responder

      segun la novela de Cristie Golden La Ascension del Rey Exanime Arthas tenia el cuerpo de Sylvanas guardado para torturarlo y hacer que el espiritu sufriera y emitiera gritos de dolor. Cuando Sylvanas traiciono a Arthas busco la forma de recuperar su cuerpo el cual estaba en un carro de despojos. Si, en el Warcraft III Frozen Trhone vimos que ella empieza ya con su cuerpo pero segun la historia original no es asi

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