Dic 29

Capítulo V: La Segunda Guerra

Segunda GuerraLa Alianza de Lordaeron – Mareas de Oscuridad

“Mareas de oscuridad braman sobre el reino de Lordaeron, querido amigo. La sombra vil, cual nube enfermiza de pestilencia, ha corrompido los campos de Stormwind y, voraz y violenta, arrasará a su paso toda noble visión de vida y de esperanza, sin temer a la espada ni a la Luz. Es hora de que seamos lo que siempre fuimos: Una sola nación. Rápido, porque ya vienen”. Sir Lothar, de la Hermandad de los Caballos, a Lord Uther, de la Orden de la Mano de Plata Archivos del Kirin Tor.

Tras la llegada a las costas de Lordaeron de miles de refugiados de Azeroth, el rey Terenas de Lordaeron convocó un consejo de delegados de cada uno de los siete reinos que gobernaba. Con los terribles relatos de destrucción y matanzas provocadas por la invasión orca de Azeroth, Lord Anduin Lothar convenció al soberano de Lordaeron para que unieran sus fuerzas frente a semejante amenaza. Después de mucho debatir y sopesar, los lores accedieron a la propuesta de Lothar y Terenas, y acordaron unir sus ejércitos bajo el mando general del propio Lothar. Como las orillas de Lordaeron ya habían sido saqueadas por pequeñas bandas de ladrones orcos, Lothar encontró un fuerte aliado en su amigo de toda la vida, el almirante Daelin Valiente (Daelin Proudmoore) del reino costero de Kul Tiras. Thoras Trollbane, Señor de Stromgarde, también ofreció rápidamente su apoyo a la Alianza recién forjada, saboreando la proximidad de gloriosas batallas. Pero estos guerreros no eran los únicos que se preparaban para la guerra.

Como el mandato real dictaba que se debían emplear todas las defensas en la guerra contra el mal, Alonso Faol, abad de la recién destruida abadía de Villanorte (Northshire), localizada al norte de Ventormenta, convenció a los ministros eclesiásticos de Lordaeron para que equiparan igualmente a sus clérigos y fieles con armas de guerra. De la misma manera en que los guardianes habían empuñado espadas de luz para defender los cielos, los hombres santos de la tierra debían prepararse para combatir contra las oscuras tinieblas que se acercaban amenazantes desde el sur. Uno de los clérigos, aprendiz del arzobispo Alonso Faol, fue testigo de la destrucción de la Abadía de Villanorte en Azeroth por parte de la Horda durante la Primera Guerra. Este paladin, llamado Uther el Iluminado (Uther the Lightbringer), ha comprendido que el esfuerzo que su Orden, la Iglesia de la Sagrada Luz, hizo durante la Primera Guerra, no había sido suficiente para contener el poder de los orcos. Por esto, Uther viajó hasta el Lago Darrowmere, en el norte de Lordaeron, para enseñar a los Caballeros de la Orden de la Mano de Plata, los caminos de la Luz; y alistarlos en las filas reales. Estos nobles y valientes caballeros han aceptado el Código de la Luz, y se han convertido en los primeros Paladines. Sin embargo, la Alianza ha recibido el primer golpe y no precisamente de los orcos. Durante el viaje a Darrowmere, Uther fue atacado por piratas provenientes de la ciudad de Alterac. Con este hecho, Uther ha descubierto la conspiración de Lord Perenolde, Señor de Alterac, que ha traicionado a la Alianza, haciendo un trato con Martillo Maldito, con el afán de evitar que la Horda destruya Alterac, a su paso hacia la ciudad capital de Lorddaeron. A pesar de esto, el primero de los Paladines no está dispuesto a dejar caer a su pueblo tan fácilmente. Bendecidos en las Iglesias y los monasterios de Lordaeron, los Paladines se lanzan a la batalla con la fe como escudo y con el Martillo de la Luz como arma.

Es por ello que Lothar no está solo. A su lado combaten Uther el Iluminado, Capitán de los Paladines de La Mano de Plata de Lordaeron; Daelin Valiente, Almirante de la Armada de Kul Tiras; Thoras Trollbane, Señor de Stromgarde; Genn Cringris (Genn Greymane), Señor de Gilneas; los poderosos magos de la Ciudadela Violeta de Dalaran, enviados por el Kirin Tor, y Turalyon, uno de los más experimentados de sus lugartenientes. Pero Lothar ha sido también hábil para ganarse otros poderosos aliados. Por los antiguos pasadizos subterráneos de Khaz Modan, llegaron los estoicos enanos de Forjaz, al mando de Muradin Barbabronce, hermano del rey Magni, anunciando que los orcos ya habían empezado a asaltar su reino en las montañas. Los enanos ofrecieron su apoyo, armas e ingeniosas tecnologías. Los humanos, por su parte, les aseguraron que los orcos serían expulsados a toda costa. De Pico Nidal han descendido los Martillo Salvaje, montando sus impresionantes grifos. De la tecno-ciudad de Gnomeregan, los astutos gnomos, han enviado a sus hábiles pilotos e ingenieros en socorro de la Alianza, junto con sus poderosos tanques de vapor y autogiros. Los solitarios elfos de Lunargenta, al mando de la Forestal Alleria Brisaveloz (Alleria Windrunner), se aventuraron a salir desde los tupidos bosques de Quel’thalas para ofrecer sus servicios. Sus magias, muy relacionadas con las fuerzas terrenales, mostraban que los orcos habían profanado las tierras de Lordaeron como parte de sus siniestros planes. Anasterian Caminante del Sol (Anasteria Sunstrider), regidor de Quel´thalas, ha enviado a sus arqueros, sacerdotes y hechiceras. Estos, largamente desinteresados en el conflicto por venir, tienen una deuda de honor con Lothar porque es el único descendiente de los Arathi, que les habían ayudado en épocas pasadas. Se echó tierra a los prejuicios malignos que habían existido desde antaño entre las tres razas y se creó un vínculo entre estos antiguos vecinos, vínculo conocido como La Gran Alianza de Lordaeron.

Así, unidos por las armas frente a un mismo enemigo, la Alianza se erige por encima de las orillas del destino y espera la llegada de la Marea oscura. La Horda, ahora liderada por Señor de la Guerra Orgrim Martillo Maldito, también ha hecho alianzas. Desde Draenor han llegado los gigantescos y brutales Ogros, bajo el liderazgo del ogro Cho’gall del clan Martillo Crepuscular, y los Trolls Amani del Bosque de Argénteos (Silverpine Forest), lanzadores de hachas y acérrimos rivales de los Altos Elfos, han decidido pelear por la Horda, al mando de su líder Zul’jin, recientemente liberado de una prisión en Quel’thalas. Asimismo, los ambiciosos Goblins, siempre deseosos de poseer oro, se han aliado con la Horda, y la han provisto de maquinaria de asedio, zeppelines y barcos. Una masiva campaña ha iniciado para tomar el reino Enano de Khaz Modan y las regiones sur de Lordaeron, y la Horda ha diezmado toda oposición.

Las épicas batallas de la Segunda Guerra recuerdan grandes enfrentamientos navales y peleas aéreas masivas. En las profundas cavernas de Khaz Modan ha sido desenterrado un poderoso artefacto, conocido únicamente como Alma de Demonio. Gracias a este artefacto, los brujos orcos han logrado a esclavizar a una gran dragona roja y a sus hijos. Amenazada con destruir sus preciosos huevos, la Horda ha forzado a Alexstrasza, la Reina de Dragones, a mandar a sus hijos a la guerra. Los nobles dragones rojos han sido forzados a pelear por la Horda y se han enfrentado, apoyados por los zeppelines goblins, en gigantescas batallas contra los autogiros de los gnomos, los jinetes de grifos de los Martillo Salvaje y los Forestales Elfos. Genn Cringris ha levantado un fenomenal muro defensivo (y para aislarse de los reinos vecinos debido a desavenencias con las recién creada Alianza, dejando al reino completamente aislado, lo que provocará en un futuro la plaga de huargens y la huida de Gilneas bajo la ayuda de los elfos de la noche durante el Cataclismo) alrededor de Gilneas, para retrasar lo máximo posible el avance de la Horda, el famoso “Muro de Cringris”. La guerra ruge a través de los continentes de Khaz Modan, Lordaeron y Azeroth. La Horda ha incendiado las fronteras boscosas de Quel´thalas y ha realizado enormes ataques navales a las refinerías de aceite de Kul Tiras y a los puertos y ciudades costeras de Lordaeron. El Almirante Valiente ha contraatacado con la Armada cañoneando las posiciones de los orcos sobre las costas del norte de Khaz Modan. Uther y los Paladines montan asedio a la ciudad de Alterac, pero gracias a una revuelta provocada por los propios campesinos, Lord Perenolde es depuesto, pero logra escapar. Las fuerzas de Turalyon chocan de frente contra los jinetes de lobos de la Horda. Las grandes ciudades y pueblos han sido arrasados y devastados por el conflicto, y a pesar del ingente esfuerzo, Lord Lothar y los aliados se han visto obligados a retroceder hasta las murallas mismas de la Ciudad Capital.

Sin embargo, durante los días finales de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda sobre la Alianza parecía segura, una terrible disputa surgió entre los dos orcos más poderosos sobre Azeroth. Gul’dan, rencoroso por el golpe de estado de Orgrim Martillo Maldito mientras estaba en coma, no guardaba ninguna lealtad hacia Orgrim, pero lo apoyó mientras llegaba el momento adecuado. Inclusive, para ganarse la simpatía del nuevo Señor de la Guerra, capturó los cuerpos de varios caballeros de la Alianza caídos en la batalla, e invocando a los miembros asesinados del Consejo de las Sombras, logró que sus espíritus revivieran en los cuerpos de los caballeros, a quienes llamó Caballeros de la Muerte. Orgrim estaba complacido con los Caballeros de la Muerte, pues eran poderosos aliados en la batalla, pero no sabía que éstos eran fieles únicamente a Gul´dan. Mientras Martillo Maldito prepara su asalto final sobre la Ciudad Capital de Lordaeron – un asalto que hubiera resquebrajado los últimos remanentes de la Alianza – Gul´dan y sus seguidores, los clanes Cazatormentas y Martillo Crepuscular (con su líder el ogro Cho’gall a la cabeza), abandonaron sus puestos y se hicieron a la mar. El irritado jefe Martillo Maldito, viendo reducidas sus fuerzas debido a los engaños de Gul´dan, ha tenido que abandonar su más grande oportunidad de victoria sobre la Alianza.

Mirando el costo de la traición de Gul´dan, Martillo Maldito envía sus fuerzas para asesinarlo y hacer volver a los renegados. Para su desgracia, Gul´dan ha desaparecido. Con su líder perdido, los clanes renegados cayeron fácilmente ante las legiones de Martillo Maldito. Con la rebelión acabada, la Horda ha sido incapaz de recuperarse de sus pérdidas. La traición de Gul´dan no solo le ha dado esperanza a la Alianza, sino también tiempo para reagruparse y contraatacar. Lord Lothar se ha dado cuenta de que la Horda se ha fracturado, ha reunido sus fuerzas y ha empujado, en un choque frontal directo, a Martillo Maldito hacia el sur, obligándole a replegarse hacia el corazón de la destruida Ventormenta. Allí, las fuerzas de la Alianza han arrinconado a la Horda en retirada en el fuerte volcánico de Cumbre Roca Negra, donde el clan del Señor de la Guerra tiene su base. En el fragor de la batalla, los dos bravos líderes se han encontrado. No se ha visto hasta ahora combate más bravío. Al final, Lord Lothar ha caído mortalmente herido: Martillo Maldito logra derrotarlo, aunque el Señor de la Guerra tampoco ha salido ileso. Sin embargo, lejos de desalentarse, la muerte de Lothar no produce el efecto que Orgrim hubiera deseado. Perdido su líder, el lugarteniente Turalyon levanta el escudo de su comandante y dirige un furibundo ataque suicida a la base, y a la undécima hora, la Horda ha retrocedido hasta el abismal Pantano de los Susurros, a los pies mismos del Portal Oscuro. Finalmente, Uther y los Paladines realizan un ataque temerario a la fortaleza del Clan Filo Ardiente, logrando abrir una brecha hacia el Portal. Las fuerzas de Turalyon y Uther combinadas avanzan y destruyen el Portal Oscuro, la mística puerta que conecta a los orcos con su hogar en Draenor. Únicamente Kilrogg Mortojo ha logrado escapar hacia Draenor. Sin capacidad para recibir refuerzos y divididos durante la batalla, la Horda finalmente ha caído ante el poder de la Alianza.

Los escasos clanes orcos que han sobrevivido han sido capturados y colocados en campos de internamiento. Aunque la Horda ha sido finalmente derrotada para bien, algunos aún están altamente escépticos de que por fin haya paz. Khadgar, ahora un archimago de renombre, ha convencido a la Alianza de construir La Fortaleza de Nethergarde para vigilar las ruinas del Portal Oscuro y asegurarse de que no haya futuras invasiones desde Draenor.

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